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Alpargata

Olmo (El Correo). Finalizo hoy mis comentarios sobre los símbolos comerciales del casco Viejo. He ofrecido la historia sucinta de los que ya desaparecieron o siguen en activo: el caballo blanco de Laburu, el ‘hombre de las tripas’ del Bazar Médico y el Carpentier de Boinas Villodas y de la sombrerería de Gorostiaga. Hoy les toca el turno a dos muestras que mantienen el tipo en Artecalle y Somera: la bacalada de Gregorio Martín y la alpargata de Bizcargüenaga.En Artecalle, esquina al cantón, destaca una blanca bacalada esmaltada, en la que se lee el siguiente texto: «Gregorio Martín. Especialidad en bacalao remojado todos los días. Tno.- 13.707». Esta bacalada se colocó el día que Gregorio Martín inauguró la tienda hace casi ochenta años y ahí sigue para dar fe de que el tradicional comercio sigue trabajando como el primer día.

Subiendo el cantón nos encontramos en la esquina de Somera con otro comercio veterano que luce, colgando en su fachada, una enorme alpargata. Es la popular alpargatería de Bizcargüenaga que, por imperativo del progreso, es ahora una zapatería, pero sigue abriendo su persiana día a día.

Este comercio lo fundó hace ochenta años el abuelo Bizcargüenaga, lo continuó Bizcargüenaga hijo y hoy la sigue regentando Bizcargüenaga nieto, que cada día, al abrir la tienda, lo primero que hace es colgar del ganchito de la fachada la enorme alpargata símbolo entrañable de su comercio.

Parece ser que la alpargata se la regalaron al abuelo, que tuvo la ocurrencia de colocarla como reclamo comercial en la fachada del establecimiento. Allí estaba todo el día , pero en cierta ocasión algunos amigos se la llevaron cuando la tienda estaba cerrada. Naturalmente se la devolvieron, pero desde entonces Bizcargüenaga la descuelga cuando cierra su comercio.

Contemplando aquel símbolo de tiempos pasados, me asombra que haya durado ochenta años expuesto a las nieves y a las lluvias de nuestro Bilbao. Es cierto que tiene algunos remiendos, pero casi no se notan y, ochenta años después, sigue en su puesto como un curioso y entrañable distintivo del viejo y eterno comercio de las siete calles, que afortunadamente, sigue manteniendo orgullosamente el tipo frente a las grandes superficies comerciales y a los hipermercados.

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